sábado, 18 de octubre de 2008

"Odio los ruidos de la ciudad, perturban mis sueños"

Y sí, otro cuento sobre sueños. Es otra cosa que me encontré escrita en una hoja cualquiera ( o sea: hace mil que no escribo nada nuevo ).


Un hombre sombrío, alto y flaco, esperaba sentado en su habitación. Estaba quedándose dormido. Sus ojos se balanceaban entre los colores difusos y caían dentro de la gris ensoñación.
Pronto se zambullió en el mar interior, y nunca más nadie lo volvió a ver.
Su cabeza voló en pedazos.
Su escopeta tocó el suelo.



Si, es un cuentillo VIOLENTO. No me quiero ni imaginar mi estado de ánimo cuando escribí eso.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Solo un perro, caminando solo

Un pequeño texto que encontré en un cuaderno de dibujo mientras buscaba algo para escanear:

Solo un perro, caminando solo, por las playas del infinito penar, del escurridizo recuerdo. La arena caliente le quema las patas, lo obliga a andar siempre al frente, con el viento detrás que le devuelve los olores de los lugares por donde ya ha pasado.
Cosa peculiar, el olor. Es como el sabor en la lengua. Siempre vivificado y siempre alterado. Lo feo fue horrible, lo bueno excelente; lo mediocre sólo se olvida. Y chocan los olores y los recuerdos con la crudeza grotesca de la vista y el presente, que no es ni tan presente ni tan real como creemos.
¿De meros recuerdos se hace la existencia? Somos lo que fuimos, y nada más. Somos los olores endulzados del pasado, somos la vana imagen de la luz refractada en nuestros ojos.
Somos contraste eterno entre lo que queremos y lo que creemos ser.

miércoles, 23 de julio de 2008

Recomienzo con lo nuevo, de lo de antes.

1. Introducción


Hay veces que me siento vacío, como que echo algo de menos. Un extrañar raro, misterioso y que anda en sombras; un amor a primera vista. Ese lazo místico que se siente con otra persona, con alguien que pasa por la calle... O que sólo "pasa", no importa por dónde, o de qué manera (acabo de notar la similitud entre "extraño" y "extrañar". Extrañar es, verdaderamente, una sensación extraña, indescriptible. Extrañar es como el amor, o ES el amor, o el amor es extrañar).
Tengo la teoría, aunque no estoy muy seguro, de que extraño escribir. Es decir, extraño escribir, pero dudo si esa es la razón del vacío.
Hace mucho tiempo que no escribo (demasiado, dirán algunos, los pocos que me leen). Creo que dejé la escritura debido a las tantas trabas, obstáculos y restricciones que me había auto impuesto. En algún momento abandoné la búsqueda de la expresión, y me volqué a la de las formas más complejas, de las ideas mejores y de los temas más interesantes ( esto a la luz de un tonto como yo, que no entendía de dónde provenía la emoción en la escritura).
Todo debe haber comenzado por un texto en especial (por desgracia para mí, echarle la culpa al texto sería muy tonto) que voy a dejar en el anonimato para que lo puedan leer sin lo anecdótico de fondo. De todas maneras, la culpa fue mía, no por escribirlo, sino por no entenderlo: creí que me gustaba por su forma, cuando lo que me gustaba eran las emociones que, supongo (o espero), pude plasmar.

Como las explicaciones y las disculpas valen menos que nada (menos todavía que una palabra dicha porque sí, menos que un capullo vacío que hace tiempo perdió su mariposa) voy a escribir algo nuevo. Y cuando digo nuevo, uso todo su sentido. Voy a escribir algo de cero. Nuevo. Como un regalo sin abrir, o el olor a libro nuevo. O la sensación de la Primavera (de latidos fuertes, siempre únicos). Partir de cero, con una hoja en blanco.



2. Extracto

- De verdad no te lo quería decir- Sus palabras retumbaron en la oscuridad- Pero no había otra opción, era casi el destino -.
Que hermosos labios tenía, tiene...
- ¿Casi? ¿"Casi" el destino? - dijo él - ¿Cómo es un "casi-destino? ¿Un designio a medias? Explicamelo.-
- No hay mucho que explicar. Es algo que se tenía que hacer.-
- De verdad no entiendo. Esas palabras no parecen tuyas.-
- Bueno, son.-
- No quiero creerlo.-
- Mejor creelo. Si no lo crees, te lo escribo de nuevo.-
- No, gracias.- Hubo silencio por mucho tiempo.- Te leo, pero no creo lo que leo. No me interesa saber el por qué, sino... el "por qué".
Quiero saber el por qué-
- ¿Cómo? Si te vas a poner así, mejor no digas nada.-
- No digo nada. escribo, a lo sumo. Y quiero saber el por qué.-
- ¿Qué por qué?.-
- El de este sinsentido ¿No sentís que la vida parece armada para uno? Como un sueño. Las piezas encajan, se arman. Hay veces que todo es tan irreal... ¡Las piezas caen en el lugar exacto, como por arte de magia!-
- ... Como si fuera el destino...-
- Entonces... ¿Qué carajo es un casi-destino? ¿Una pieza que cabe a medias?-
- No sé... capaz es la pieza de otro.-
- Capaz es un gran sueño, que parece tener sentido, y en realidad es un delirio, donde ninguna pieza encaja. Capaz me estoy despertando, y veo las cosas de otra manera.-
- ¿Y yo que? ¿Me soñas vos o yo te sueño?-
- ¿Y si los dos nos soñamos? ¿Y si todos nos soñamos?-
- ¿Importa?-
- No.-
- Listo...- Silencio - Me tengo que ir. Chau.-
- Chau. -


3. Polillas


Sus pies frotaban el suelo, levantaban polvo y piedras. Era una danza colosal, oscura. Era un ritmo, palpitar acelerado de voces interiores que gritaban a coro las palabras ocultas de la Libertad. esas palabras que no son palabras, sin sonidos ni símbolos. Palabras tan infinitas y gigantescas que resultan la única propiedad de un ser, la unión de todas las cosas. palabras que se sienten como bailes desquiciados.
Como ritmos de energía astral canalizada; como explosiones desde adentro, son las acciones nunca hechas, los conceptos sin palabras, las mariposas fuera del capullo. Las cosas desconocidas, cubiertas por el manto nocturno, silenciadas por el rugir de las olas del tiempo.
Las estrellas en el cielo, únicas testigos de lo acontecido. Y bailará hasta morir, bailará feliz de morir bailando. Será concepto sin palabra, eterno, insondable. Será mariposa de la noche, será polilla, será libre.

viernes, 26 de octubre de 2007

El tiempo se ha muerto

El tiempo se ha muerto.

Eso es lo que dicen, las voces por ahí. Los rumores palpitan en la sangre de mi cerebro de manera violenta, dañina. Son vientos de cambio, que traen las tormentas.
Largos silencios han pasado. Horas sin sueño, vida sin sueños.

¿Que es lo que está pasando?

Las palabras que escribo, las letras que las forman, las lineas que las dibujan... nada es mío. Idiomas han muerto en pos de la expresión más perfecta. Idiomas que yacen sin recuerdo, y son mirados con desprecio.

El tiempo se ha muerto.

Ya nada pasa como pasaba antes. Son los vientos del cambio que arrancan los árboles. Los gritos de dolor, raíces podridas arrancadas de mi mente.

¿Que es lo que está pasando?

Ya nada pasa. Todo detenido, en maneras psicóticas, imposibles, anti-físicas. Diganme loco, pero la realidad se separa, se divorcia. Los grandes paneles del tiempo y el espacio parecen más cerrados que nunca. Todo convulsiona en una masa extraña de colores, luces, materia y mente.
Nada existe completamente, y existe más de lo que debería.

¿De qué estoy hablando?

Azul. Todo inundado de un color azul. Un mar azul de turbulencia irracional, que nos separa. ¿Donde está mi granizo? ¿Dónde quedaron los universos, las galaxias, las danzas celestiales?
Son las nubes que nos tapan. Son los obstáculos, que todos debemos flanquear, superar, destruir.

¿Se está muriendo el tiempo? ¿Se acaban las ideas de coherencia?

Ya todos se pierde en una inmensidad oscura. Ni materia, ni vacío. tampoco energía. Es el tenebroso mundo de la mente sin tiempo. Donde las letras no existen, la coherencia se pierde como una aguja en un pajar, y la realidad no es algo más que lo que nos cuenta un ciego.

¿Donde estás, luz? ¿Dónde se fue lo racional? ¿Dónde lo irracional?

Y entre preguntas me pierdo en un lugar, junto a un tiempo muerto, muerto de viejo. Las lágrimas recorren mi cara, las puertas se cierran, el caos es total. La salvación se escabulle por puertas corredizas, mortales. Golpeo los costados sin más libertad que un canario en su jaula.
Piedra por Piedra, hice la prisión.

¿Sangre?¿Cuerpo?

La repulsión a la carne aumenta, porque su aproximación es inevitable. La mente se retuerce de locura absoluta. Posiciones imposibles.

X, Y, Z, Ñ...

¿Delfos?

Todo se mezcla. Mi nombre, tu nombre.... SU nombre. El amor, y el odio más profundo. nada se entiende, todo se supone. Las matemáticas ocultas del infinito copulan con los maniáticos incoherentes. Nada con sentido. O todo con demasiado sentido para comprenderlo por completo.

Algo será...

"Siempre que llovió, paró"...

Te espero, oh cielo, te espero...


(Piensen con el alma, disculpen esta locura. Meditenla con el corazón. Sólo ahí, lo incoherente cobra su sentido. Delfos)

lunes, 8 de enero de 2007

Paisaje verde y rojo

Era la naturaleza de lo Inevitable que lo invadía. Y él lo sabía, y lo hacía temblar.
Ésa ciudad, tan gris y grotesca en todas sus formas, lo asfixiaba lentamente, y en varias ocasiones había querido escapara de sus garras gigantescas.
Pero si lo hubiera logrado, no estaría allí en este momento.
Desde dentro de su casa, José soñaba con lo de afuera. Imaginaba aventuras, vivía pacíficas fantasías de felicidad verde. Podía pasar horas mirando las plantas de su pequeño patio, llamando a los héroes de su mente a jugar con él en esos diminutos (y aún así enormes) mundos.
¡Qué feliz sería José de Ciudad si fuera José de Mundo! O aún José de Afuera. Pero simplemente esa no era su naturaleza. Hay quienes dicen que si José hubiese aceptado ser de Ciudad ,y no de otro lugar, habría sido (y sería hoy) más feliz.
Sin embargo, esta historia no trata de especulaciones, así que de ellas me abstendré. La cuestión es que José de Ciudad no era feliz, y quería ser José de Afuera. Lo cual es perfectamente aceptable, si no fuera porque le gustaba más añorarlo que serlo realmente.
Y lo estaba intentando de nuevo. Iba a dar un gran paso en su vida, ¡todo iba a cambiar!...


Pero sucedió. Aquello era imposible de evitar para José: Retrocedió.

Si sólo hubiera avanzado... pero decidió no hacerlo. Eligió sufrir, eligió su cárcel. Eligió morir.

Y cada vez que José retrocedía, la esperanza de la felicidad moría un poco. Él se comía a sí mismo, y con el tiempo no quedaría nada.

Al retroceder, José cometía suicidio. Manchaba sus manos con su propia sangre.


Y él lo sabía... y lo hacía temblar.

lunes, 18 de diciembre de 2006

Palabras de una noche lluviosa

Era una lluvia melancólica. El aire pasaba entre las hendijas de la persiana y la habitación estaba llena de recuerdo de calor. De a momentos un rayo iluminaba el cielo, las gotas, el silencio. Silencio que había dejado el violín, desafinado, empolvado, entristecido en una esquina. Encerrado, espectante de un día que tal vez no llegue nunca. Observador de dolor.
Y así, bajo dulces aromas; bajo imágenes de fantasías distantes, e increíblemente cercanas; con el caer de las gotas, me proyectaba hacia el pasado cercano, hacia media hora atrás en el tiempo.

Ése haz de luz, que tan hermosamente se proyectaba en el cielo nublado nocturno. Lasi ideas de un encuentro, ficticio, falso, inexistente.
Y comenzó a llover. Como pequeñas esferas de plata, las gotas se revelaban en un camino luminoso, dirigido al infinito, y detenido en lo cercano. Distancias, distancias. Cuando lo mucho es poco, y lo poco mucho.
La genial orquestación acuosa iba en aumento, provocando colores en el haz antes blanco. ¡Cuánta belleza puede entrar en tan poca cosa!
El golpe imaginario de un granizo inexistente me catapulta, de realidad a realidad, hacia más allá. Lejos, muy lejos de la Percepción (o tal vez, más cerca que nunca).
Cabalgando a pelo un cristal luminoso, emanado de la lluvia y de un rayo misterioso, me voy por la Vía Láctea. El Universo , en su máxima gloria, se comprime y expande, creando en mi boca todos sus sabores. Los de ella.
Veo una colisión celestial, un abrazo de titanes, un grito de galaxias ( allá, por donde el ruido duerme, y tus silencios me acarician).
Con el trueno (ese gran rugido paralizante, leónico) nacen tus pestaneos, y un esbozo de sonrisa. Tu perfume, dulce aroma floral, hermoso y placentero, eterno, nace del golpeteo de la lluvia en mi alma desnuda y sola.
Como el arco contra las cuerdas, veo la suavidad de tu piel. Oigo su sabor. Degusto su calor.
Me pierdo en tu alma, tus ojos. Me maravillo con las estrellas, las galaxias, que parecen la resina que cae de la crin del arco. Resina que cae en tus pupilas oscuras, hipnóticas.
Las cuerdas resuenan con la percusión; la lluvia, con el rayo. La luna me mira, sin mirar. Voy a su encuentro como lo hago con ella. Distancias. Se unen los cuerpos celestes, en una fusión caótica, ordenada... Sincronizada.

Vuelvo a mi casa, sin haber salido, pero todavía queriendo más de ella.

Mañana veremos, ya veremos.

domingo, 26 de noviembre de 2006

Nunca.

"¡Ja ja ja!" rió un hombre. "¡Mirad a aquel pobre viejo! ¡Intenta sacudirse su cuerpo como un perro las pulgas!"

Toda la corte rió y se mofó del viejo.

Una mujer en una esquina lloró. Comprendía al pobre anciano.
Aún ella, con sus finos labios, sus ojos de cielo, su pelo de fuego, su belleza sin igual, sentía la necesidad de quitarse aquella prisión carnal.

Pero sin morir.

Lo intentó mil veces, y no pudo. Y a cada minuto que su alma permanecía en ese cálido y dulce envase, se oxidaba, se corrompía. Se sublevaba a cuestiones banales, se besaba con lo irrelevante, se prostituia con la superficialidad.

Pero sin morir.

El viejo intentó sacarse el cuerpo nuevamente, y por poco se quita la vida.

Allí el problema. ¡Es que se encuentran tan fuertemente unidos!

Por supuesto la corte entera rió de nuevo. Una mujer rió tanto que su peluca salió disparada y fue a caer en la carroza del Duque, que, asustado, brincó por la ventana y su cráneo fue aplastado por un caballo.

Pero sin morir.

Agonizó largamente, y nadie lo notó, puesto que los ojos de la corte entera estaban cubiertos de lágrimas, y nadie escuchó los gritos por las fuertes carcajadas que emitían. Así murió el Gran Duque. Como si nada pasara, sin que a nadie le importara, sin que nadie lo recordara, nunca.

Nunca.

Lo enterraron en una fosa común, porque entre todo el alboroto, un lunático de la calle lo despojó de sus ropas, y como ya ni cara tenía, nadie lo reconoció. Ni a nadie le importó. Su mujer no lo buscó, no preguntó, ni se preocupó.

Nunca.

Y la única testigo era la joven de cara de angel, pelo de fuego, cuerpo esbelto, con gracia, adorable, gentil, hermosa como la belleza misma. O más. Se apoyó horrorizada en una pared de piedra, y se cubrió de la realidad tapándose la cara con las manos.

Pero no pudo evitar mirar. Corrió un dedo, y luego otro. Siempre hizo lo mismo y no lo dejaría de hacer.

Nunca.

Anciano, Duque y Bella se miraron. Todos morirían, queriendo vivir, buscando vivir, pidiendo vivir. Ninguno viviría lo que hubiera querido vivir, el tiempo que hubiera querido, ni la manera en la que hubiera querido. Nunca. No vivían, ni morían tampoco. Se encontraban en la nada, sin escapar, sin caer y sin volar.

Todos esperaban un destino diferente, pero equivalente. Morirían sin morir. Esperaban sin vivir. Permanecían sin actuar. Pasaban sin dejar rastro.

¿Estaban; serían; morían?

No, ninguna de ésas.

Nunca.